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JULIO ROMERO DE TORRES
   
     
La mujer en la obra de Julio Romero de Torres.
  1. Introducción
  2. Cristos hembra.
  3. Canon de Belleza.
  4. Mujeres libres. Fama internacional.
  5. Carmen de Burgos “Colombine”.
  6. Cría fama y échate a dormir.

Introducción .

    La mujer en la obra de Julio Romero de Torres.

    Julio Romero de Torres fue un admirador de la mujer popular y pobre, la encumbró y la elevó con su arte a esquemas que antes solo estaban reservados para diosas, santas y aristócratas. También de la mujer progresista de las altas esferas sociales, tanto de la cultura, como de la política y de la farándula, con las que compartió amistad y respeto que también ellas demostraron por él. Fue un buen hombre para con las mujeres de su familia, nunca despótico ni machista. Fue un buen patrón para con las mujeres que trabajaron para él como modelos, en muchos casos las sacó de situaciones complicadas, sobre todo a aquellas que llevaban una vida más licenciosa, y trató con el respeto debido, adecuándose a los esquemas de la época; en los que, por ejemplo él no se podía quedar a solas con una modelo en el estudio, aunque estuviese posando para el cuadro más moral y recatado. Hay multitud de documentos que lo confirman.
    A continuación vamos a ver algunos epígrafes relacionados con su vida y su obra que resultan explicativos y aclaratorios a modo de ejemplo:

1900. Horas de angustia. 166 x 96 cm. Museo Julio Romero de Torres.

 

Cristos hembra.

Todo gira en torno a la mujer en la obra de Julio Romero de Torres. La mujer que refleja nuestro pintor en sus lienzos es una mujer popular de comienzos del siglo XX. En las ciudades, esta es una época de mujeres trabajadoras industriales, con cierta independencia económica, de un cariz político tendente a la izquierda y a la república que rechaza en muchos casos tradiciones religiosas que hoy día están mucho más enclavadas en el fondo del imaginario social femenino. Se hacían muchas bodas civiles, y se luchaba por el sufragio universal y por el divorcio. Pero esta realidad la vivían alrededor de un 20% de la población, el resto era población rural.
La mujer rural, dependiente económicamente de los terratenientes, que no les permitían expresar sus tendencias sociales en voz alta, sino aquellas tradicionalistas que convenían a estos. El nivel de analfabetismo era enorme. Los caciques copaban la representación política en las cámaras españolas de tal modo que los políticos en Madrid debían tener muy en cuenta los votos rurales para conseguir formar gobierno, pactaban con los terratenientes, por lo que estos tenían bajo su poder todos los resortes del Estado, a esta negociación se le denominaba “el encasillado”.
Era una época en la que las mujeres no tenían una libertad sexual como la que existe hoy. Las leyes, y por tanto la delincuencia estaban regidas por el concepto de bien y mal de la moral católica anterior al Concilio Vaticano II.
Los niños morían en un porcentaje elevadísimo el 60% de la mortalidad del país se debía a enfermedades infantiles del aparato digestivo, solo un 50%  de la población llegaba a cumplir los 33 años de edad. Estos son datos que hoy día podemos encontrar en los países más pobres de África.     
Era una sociedad en la que todavía funcionaban como medios de transmisión las letras de romances cantadas. La irrupción de medios como la radio no sucedió hasta mediada la época de los años veinte.
La transmisión oral de historias truculentas de desgracias y asesinatos, derivadas de un gusto romántico muy afianzado en la sociedad, y en especial en las mujeres, seguía en boga.
En definitiva la mayoría de las mujeres tenían un rol social muy cercano a la desgracia, y al dolor.

Esta es la mujer que plasma Julio Romero de Torres en su pintura. Su estilo narrativo cuenta estas mismas historias, y sus mujeres son protagonistas. Él mismo las llamó en algún caso Cristos hembra, por llevar encima el calvario de los acontecimientos. Incluso representó a mujeres en situaciones que en la Historia del Arte han sido típicas para la figura de Cristo. No sólo eso, sino que los mismos arcángeles, tan arraigados en la cultura cordobesa, son mujeres en los cuadros de Julio Romero de Torres. Hoy día este regusto por lo trágico se mantiene. No hay más que ver la televisión

 

Mujer asomada a la puerta del jardín.1903. En que representa una mujer trabajadora probablemente una lavandera.

 

 

 

La huida. Que representa un drama campesino.

 

 

 

Mira qué bonita era. Obra juvenil que representa un entierro infantil. 1895.

El Pecado. Un desnudo femenino en la posición de Cristo en lo que sería una Piedad.

 

No tenemos que confundir la obra de nuestro artista con el folklore. Las protagonistas de los cuadros visten ropas a la moda de la época, no representan situaciones anticuadas, sino modernas. Su actitud como artista siempre se llevó a cabo desde una posición de respeto y comprensión del papel de la mujer del momento. Incluso más, elevó a la mujer a la posición de icono, dándole a mujeres mundanas las características que en la Historia del Arte habían tenido diosas clásicas o santas.    

El tiempo lo ha convertido en un tópico, y ha pasado a formar parte del folklore. Este es el precio que pagan los artistas cuando su obra se vuelve popular

 

Canon de Belleza.

 

Margarita Goudoum.

Margarita Goudoum, bailarina conocida como "La rusa", posó como modelo para el cuadro "Rivalidad", se puede observar como Julio Romero de Torres estilizó la figura; comparando el retrato fotográfico que refleja su aspecto real, y que se consideraba como una sex-simbol de la época, y el estilizado y moreno aspecto del retrato pintado.

Margarita Goudoum en "Rivalidad"

 

 

 

 

 

 

 

        Julio Romero de Torres retrataba una mujer sencilla, hermosa, sensual, delgada pero no demasiado y morena de tez; justamente lo contrario al canon de belleza de principios del siglo XX.
La mujer de entonces se consideraba sexy siendo un poco gruesa, para la consideración que tenemos hoy día. La mujer delgada, que refleja nuestro pintor, lo era  por el trabajo y por una parca alimentación. La delgadez era un sinónimo de enfermedad.
Al mismo tiempo hizo hermoso un color de piel moreno, que en aquellos momentos se identificaba con el color de la piel de las personas que trabajaban en el campo, con su tez quemada por el sol y el frío, y por lo tanto fea y rasposa. El canon de belleza de la época tendía hacia una piel blanca, que hacía que las mujeres (las que podían) se escondieran del sol.
Los peinados de las modelos en casi todos los casos están lejos de la sofisticación de los estilosos cortes de pelo de la “Belle Epoque”. Tampoco representa a mujeres con tocados ni adornos como joyas, salvo que contuviesen un significado en la obra.
Las vestimentas que presentan las modelos son propias de una escala social baja, y son parcas en colores y adornos.

            Viendo las fotos de la época, nos encontramos con un canon de belleza femenino, muy distinto del que Julio Romero de Torres plasmaba en sus pinturas. Nuestro artista no se dejó llevar por estas tendencias propugnadas en revistas de moda, en películas, o incluso en publicaciones eróticas; lo cual hubiese hecho más fácil su éxito.

            Lo que sucedió fue que este concepto estético femenino creado por Julio Romero de Torres tuvo mucho éxito entre las mujeres, que se veían representadas allí. La mayoría  de las mujeres de la época respondían a estos esquemas físicos. También la temática del desnudo tan fino y elegante presentaba a una mujer liberada de tapujos religiosos que lógicamente hacía atractivo este concepto femenino, por erótico pero no pornográfico.

            De este tipo de representación femenina hay que desligar los retratos que hizo por encargo, pues en estos casos el pintor no escogía a la modelo, no es esta una traición a su estilo, sino una cuestión de supervivencia económica y una virtud de nuestro artista que sabía deslindar su obra de autor creativo con las otras posibilidades que le ofrecía el ejercicio de su profesión.

Curiosamente hoy día aun prevalece un esquema de belleza relacionado con la morenez de la piel, que se relaciona con los espacios lúdicos como son la playa, las piscinas o la nieve. La delgadez se propugna, en un principio fue por razones de salud, y después por simples conceptos estéticos que nos han llevado a nuevos problemas de salud femenina como son la anorexia y la bulimia. Esta circunstancia hace que los espectadores al ver la obra de Julio Romero de Torres no entiendan que aquellas mujeres que representaba eran mujeres del pueblo, y no de la aristocracia ni burguesía.
Los cánones de belleza femenina han cambiado a lo largo de la Historia de la humanidad; en la mente del lector pueden estar aquellas “Tres Gracias” de Rubens, tan rollizas, mujeres que hoy día están muy lejos del canon de belleza,  pero acordes con el gusto de aquel  momento; o la Venus de Wilendorf, el retrato de Nefertiti, las mujeres de tez blanquecina del Rococó, etcétera.

Socorro Miranda. Vestimentas sencillas.

 

 

 

 

Retyrato de la Señora Casanueva

     
     
Mujeres libres. Fama internacional.
     
     

Cuando le llegó el éxito a Julio Romero de Torres, o sea en la etapa final de su vida, adquirió fama internacional, sus cuadros se habían convertido para muchos países en iconos. Muchas mujeres quisieron ser retratadas por “el pintor que mejor pinta a las mujeres” como es el caso de Josephine Baquer, gran diva americana del teatro de variedades que cuando llegó a España dijo a la prensa que había venido para ser retratada por él. Otras son:

  • Adela Carbone de Arcos, y su hernaba Mery; actrices italianas.Adela es la figura central de "La Consagración de la copla".
  • Pastora Imperio, a la que hizo al menos cuatro retratos.
  • Tórtola Valencia, gran diva española del Music Hall internacional.
  • Concha Piquer.
  • La bella Otero. Famosa bailarina española (gallega) que triunfara en EEUU, a la que apodaban allí "la madonna". Triufó después de una infancia y juventud de miseria y sufrimiento.
  • Anita Delgado, Princesa de Kapurthala.
  • La actriz Aurora Redondo.
  • Amarantina. Bailarina sevillana de éxito en España y en el extrangero, que posó para Julio Romero de Torres en varios cuadros. Es la protagonista de "La niña de las saetas ".
  • Pastora Pavón, La niña de los peines.
  • Etcétera.
                Lo curioso de estas mujeres es que en su mayoría eran libres de ataduras económicas y matrimoniales. Eran mujeres mal vistas por la sociedad, y sobre todo por la sociedad femenina mucho más pacata y mojigata de lo que podamos imaginar, que entendía que las artistas que se ganaban la vida en la farándula, cantantes, actrices, bailarinas, etcétera, eran casi prostitutas.  Las mujeres pudientes y casadas, de la burguesía más moderna, sobre todo en los círculos cercanos al pintor de Córdoba o Madrid y en Argentina, también fueron modelos que encargaran  su retrato a Julio Romero de Torres, quizá por ese cariz popular que tenían los personajes femeninos de nuestro pintor, con un punto pecaminoso, rural y barriobajero, que repelía a las clases sociales altas tradicionales y a la aristocracia, que podían ser compradores de estos cuadros, pero no se iban a rebajar a posar al mismo nivel y con la misma apariencia que aquellas otras féminas que bien eran pobres, bien pecadoras. No se consideraba de buen gusto.
Josephine Baquer.
     
     
Carmen de Burgos “Colombine”.
     
  Retrato de Carmen de Burgos. 1917  

Julio Romero de Torres retrató a Carmen de Burgos en 1917. Carmen había nacido en Almería el 10 de diciembre de 1867, con lo que tenía la edad de 50 años cuando Julio Romero la retrató. Es un retrato sencillo y bien trabajado, representa a la escritora de perfil, en su madurez. Lo interesante de esta relación es la mutua admiración que se procesaban, el respeto intelectual con que se trataban. Esta relación se demuestra en ambas direcciones por la dedicatoria que Julio Romero de Torres escribió en el retrato: “A COLOMBINE CON LA ADMIRACIÓN DE ROMERO DE TORRES”, y por una carta afectuosa de pésame que Carmen de Burgos envió a Enrique Romero de Torres tras el fallecimiento de nuestro pintor, de la que también se extrae que la hija de Colombine había posado para Julio Romero de Torres como modelo para una la cabeza de S. Juan en una de las versiones de Salomé que hizo el pinto.  Ser amigo de Carmen de Burgos y no ser al mismo tiempo un defensor de la libertad de la mujer es un imposible pues ella fue una luchadora radical, feminista tal como lo expresa en su libro “La mujer moderna y sus derechos” de 1927, y muchos artículos de prensa como una encuesta que hizo en 1904 para el Diario Universal, sobre el divorcio, y que fue comentada en casi toda la prensa española;  dos de sus conferencias dieron la vuelta a España, La misión social de la mujer, de 1911, y sobre todo, La mujer en España. Fue la primera mujer corresponsal de guerra, transmitiendo su parecer de la guerra de Marruecos. Ejerció como profesora en la Escuela Normal de Magisterio de Madrid. Ella fue una incansable luchadora republicana, defendió fervientemente junto con otras mujeres intelectuales españolas el voto para la mujer. Fue pareja de Ramón Gómez de la Serna, era bastante mayor que él, fue inspiradora de la gran revolución artística que este encabezó en España. Como artistas andaluces que somos admiramos a Carmen de Burgos por que la consideramos un ideal de mujer andaluza libre.

       
     
Cría fama y échate a dormir.
     
     

 

Cierta fama de mujeriego tenía nuestro pintor. Esta fama devenía de la temática de sus cuadros, parece obvio que un pintor que se rodea de modelos femeninas que posan desnudas debe ser un mujeriego. Esta fama le interesaba, por el hecho de que la sociedad española (sucede en todas las sociedades latinas de corte católico) admira a aquellos individuos que viven al margen de las normas convencionales de comportamiento: golfos, donjuanes, tahures, timadores, etcétera; incluso adquieren estos individuos un cierto tinte de héroe épico en canciones y poemas. Por lo que esta fama hacía que Julio Romero de Torres cayera bien, lo que comercialmente le convenía.
Pero la realidad es que Julio romero de Torres era un hombre de familia, al que se le llenaba la boca hablando de su mujer, sus hijas, sus hermanas. No le conozco romances amorosos con las modelos. Incluso cuando referencia a alguna de sus modelos lo hace para describir sus características físicas y no lo hace como un hombre habla de una amante, sino como un pintor habla del modelo que le ocupa, sea un bodegón, un paisaje, un modelo para retrato, etcétera. Hay una anécdota descrita de que conocía como un fetichista de la imagen, los lugares de Córdoba en los que había una muchacha que tenía el pelo bonito, o los pies bonitos; este es un concepto de la belleza en la mujer muy femenino, y al mismo tiempo muy académico, que separa las partes y las analiza, buscando un ideal de belleza. 

Hermana, hija y sobrinas de Julio Romero de Torres, en una foto de su archivo.